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domingo, 10 de agosto de 2014

Straw Dogs: División del trabajo y modernidad capitalista en una alegoría mal lograda.




            La violencia ha sido abordada cinematográficamente desde distintas perspectivas, agunos de los principales clásicos del cine han merecido ese estatus gracias a la forma como han llevado a la pantalla una de las fascetas de la humanidad más destacadas artísticamente. En diciembre de 1971 se estrenaron en Estados Unidos dos películas con una diferencia de 10 días, ambas son clásicos del cine, pero una de ellas ha sido elevada a película de culto, considerada por algunos como una de las mejores del género, mientras que la otra no alcanzó esa dimensión. A finales de 1971 vieron la luz en las salas de cine A Clockwork Orange de Stanley Kubrick y Straw Dogs de Sam Peckinpah.




           
            No en todos los países pudieron ser estrenadas el mismo año, La Naranja Mecánica produjo una ola de censuras, cortes y protestas que en algunos lugares atrasaron su estreno durante varios años. Incluso pasaron un par de décadas para que alcanzara el estatus que tiene ahora. Por el contrario, aunque también controversial, la película de Peckinpah fue lanzada en los cines en un lapso de varios meses consecutivamente con pocas dificultades. Por ejemplo, mientras que en España el film de Kubrick fue estrenado tan solo en 1975, Perros de Paja llegó a las salas de cine de Madrid unos días antes del estreno en Estados Unidos, en Gran Bretaña fue estrenada tres meses antes que su compañera de año y tema. En Argentina la diferencia entre el estreno de una película y la otra es de casi 15 años.

            He visto cerca de tres veces La Naranja Mecánica, es una de esas películas que aparece como referencia inmediata cuando te acercas al mundo del cine, un film que siempre se recomienda entre amigos, lo cual he hecho con frecuencia. Al contrario, Perros de Paja la vi por primera vez hace un par de días y no creo que la vuelva a ver, tal vez la recomiende a alguna amistad muy interesada en las perturbaciones psicológicas que derivan en episodios violentos, o a un admirador de Dustin Hoffman que no la conozca.

            Puede haber quien tenga por encima a Straw Dogs en su lista de películas favoritas. En realidad considero algo injusta la comparación, que sería como pretender comparar Donnie Brasco con The Godfather. En general, mi percepción de la película protagonizada de manera brillante por Dustin Hoffman se refiere a la manera como fue tratado el tema, así como las implicaciones de la historia en relación a otras consideraciones que creo no son secundarias.

             Sam Peckinpah se hizo un nombre en el mundo del cine a través del western, haciendo películas que ambientadas en el viejo oeste norteamericano se distinguían por la profundidad de los personajes, el uso de la violencia extrema así como el cuidado estético en la fotografía y las locaciones. En Straw Dogs retoma el tema de la violencia poniendo el peso de la caracterización en los hombros de Dustin Hoffman, Susan George, Peter Vaughan y Del Henney.

            Un joven astrofísico optiene una beca de investigación y decide pasar ese tiempo en un ambiente rural, por lo cual se muda al pueblo donde nació su esposa en Inglaterra. Desde el inicio de la película se hacen evidentes los tres roles básicos que se cumplen a lo largo de la película; David Sumner es un académico norteamericano con cara de tonto, inocente, e incapaz de hacer ninguna actividad física para la casa en remodelación. Su esposa, Amy, es algo más joven que él, completamente sumisa, exige con frecuencia atención de tipo sexual a su esposo, quien parece estar más ocupado en resolver las fórmulas matemáticas. Charlie Venner es un antiguo vecino y ex novio de Amy, un rudo, agresivo y alcoholico residente local, cuya personalidad se repite en todos los habitantes del pueblo con algunos matices.

            La división del trabajo, se expresa durante todo el desarrollo de la historia como una de las situaciones ilustrativas de este filme. No sabemos si de manera conciente o no, pero el astrofísico es un académico dedicado completamente al trabajo intelectual con una ruptura absoluta respecto a cualquier actividad física, no sabe de mecánica, de carpintería, ni de ninguna labor que pueda permitirle destacarse más allá de los números que lo mantienen absorto. Está consagrado completamente al trabajo intelectual, con lo cual es quizás una especie de figura caricaturezca de la labor reflexiva.

            Por el contrario, los residentes del pueblo son todos trabajadores manuales, cuando se dedican al trabajo, porque en buena medida sólo se les ve trabajar en un par de ocasiones reparando partes de la casa recién habitada por la pareja. No podríamos decir a ciencia cierta que son agricultores o pastores, no, son desempleados que optienen trabajo gracias a la llegada de este joven intelectual, ciertamente inútil. Pasan buena parte del tiempo bebiendo cervezas y algunas otras bebidas más fuertes, en el que posiblemente sea el único bar del pueblo, también concurren a misa, así como a algunas otras actividades comunitarias.
           
            De más está decir que la tierna, inocente y muchas veces pícara esposa, Amy, no pasan de ser una ama de casa, que seguro como inmigrante inglesa en Estados Unidos conoció a ese joven intelectual en alguna cafetería donde ella trabajaba como mesera mientras él asistía antes de ir a realizar sus labores de investigación. Parece que el mundo de la división del trabajo y de la violencia es sólo para hombres, por supuesto, eso no evita que las mujeres padezcan sus consecuencias en carne propia.

            El panorama general de los personajes es bastante claro, demasiado explícito, las personalidades no guardan ningún tipo de reserva para la imaginación ni la sorpresa, lo que se quiere decir, se dice sin muchos recursos creativos a la hora de elaborar cada uno de los elementos que forma parte de esta historia. Por un lado, está el matemático que quiere terminar su libro, tranquilo, completamente racional, metropolitano e incapaz de relacionarse con nadie ajeno a un ambiente universitario citadino. Por otro, están estos pueblerinos incultos, borrachos, mal hablados, que lo único que saben hacer es trabajo manual y están dispuestos a hacer uso de la violencia bajo cualquier pretexto.

            La película expone un prejuicio total respecto a la vida fuera de la ciudad. El citadino norteamericano, civilizado, racional, metódico, va al campo en lo que parece un viaje al pasado pre moderno, donde lo que habita es la haraganería y la violencia. En este sentido, me parece que se expone un discurso de confrontación entre la civilización madura, racional, norteamericana, frente a la primitiva Europa, Inglaterra específicamente, donde aún dominan los instintos y el atraso.

            El joven Dustin Hoffman en el papel de David Sumner se niega casi hasta el final a hacer uso de la violencia, tanto porque no tiene mucha experiencia en el manejo de ésta, como porque recurrentemente apela a la mesura racional. Incluso cuando la agresión de los pueblerinos con Charlie Vanner a la cabeza se desborda y deriva en el asedio a la propiedad del matrimonio, Sumer sigue apelando al uso metódico, limitado de ésta. La situación deriva en una secuencia que parece protagonizada por un Kevin McCallister de edad adulta, donde Hoffman organiza un conjunto de trampas que buscan impedir el acceso a la casa por parte de los agresores.

            La propiedad de los Sumner es transformada en un símbolo de racionalidad científica, una isla de civilización en medio del atraso y el subdesarrollo. El astrofísico refiere permanentemente en su discurso a la defensa de ese espacio, de su hogar, frente a la barbarie, ahí no podrá penetrar esa violencia irracional, ante todo a él le corresponde custodiar ese templo civilizacional. Mientras tantom, su esposa, intenta por todos los medios terminar la agresión facilitando la entrada de Vanner y sus acompañantes.

            Mientras veía la película recordé a Doña Bárbara el clásico de Rómulo Gallegos. En él se hace una gran metáfora sobre el desarrollo civilizatorio y cómo es recibido por la barbarie de un pasado que debe dar paso a la modernidad. Los recursos son parecidos, un joven citadino con formación universitaria que llega a un pueblo muy lejos de la ciudad, donde debe retormar el control de una finca, enfrentándose a Doña Bárbara, la encargación subdesarrollo negado a morir. La historia que adapta Peckinpah remite a la misma idea, la civilización científica norteamericana encara a su vieja madre, la bárbara y atrasada Inglaterra. 

            En contraste, Kubrick lleva a la pantalla una dimensión de la violencia muy distinta, donde la civilización occidental, la propia modernidad capitalista, se muestra como el espacio más fértil para que se exprese el sadismo de una ultraviolencia, que no necesita ninguna explicación. Londres está dominado por un ciclo de violencia sin fin, que no tiene ninguna intencionalidad específica más allá del puro morbo. Así, aparecen elementos como la corrupción política, la manipulación, los medios de comunicación, propios de la actualidad capitalina. Mientras que en Straw Dogs, la violencia parece una forma primitiva que la civilización científica moderna sólo usa como defensa ante la barbarie.

            La película de Peckinpah se ha ganado, posiblemente de manera merecida, un lugar en la historia del cine, en algunas listas que recogen los mejores filmes de los años 70's la he llegado a ver por encima de A Clockwork Orange.   El poster elaborado para su promoción ha sido reconocido como uno de los mejores en la historia del cine. De igual manera, reconozco la brillante actuación del joven Dustin Hoffman pese a las limitaciones del papel, al igual que la de Susan George. En el año 2011 se hizo un remake que resultó en un total fracaso. Finalmente, la gran limitación es la historia en sí misma, que está llena de lugares comunes y poca imaginación.

Manuel Azuaje Reverón

1 comentario:

  1. Bueno. La veré y te comentaré a ver qué tan bien está tratada "esta" perturbación. Saludos.

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