Los límites del
conocimiento y las capacidades humanas siempre han sido un misterio y en buena
medida una molestia para muchos. La filosofía durante buena parte de su
historia se dedicó a develar esos límites, preguntarse por ellos y buscar
cuáles son las razones de nuestro funcionamos para poder expandir nuestro
horizonte existencial.
La aparición de la
ciencia moderna generó que esas preocupaciones humanas se trasladaran a
ella, sin por ello dejar de ser una
preocupación filosófica. La ciencia ha desentrañado los misterios sobre nuestra
constitución, a la vez que nos ha revelado todas nuestras limitaciones ayudando
a resolver múltiples problemas naturales, enfermedades y deficiencias. Pero si
bien ayuda a expandir el horizonte de limitaciones no las desaparece.
Las nuevas
tecnologías son producto de los avances en materia científica, como apéndice de
las habilidades humanas, en su inicio reproducen de manera mejorada esas
habilidades, de igual modo que los sentidos. La tecnología es una herramienta
al servicio de las personas, al menos originalmente, que debe mejorar la vida,
hacerla más sencilla. En buena medida expresa el mencionado deseo de superar las propias
limitaciones humanas.
Hoy en día la
tecnología y la ciencia han avanzado a niveles poco sospechados, con una
velocidad que pareciera incontrolable, sucediendo que sus avances van mucho más
allá de lo que se puede esperar. Los nuevos retos tecnológicos se orientan
hacia la creación de inteligencia artificial. Cumpliéndose el añorado sueño,
ser capaces de crear vida inteligente sin las limitaciones orgánicas propias de
la humanidad.
Para muchos ya
vivimos una época donde las herramientas que deberían hacernos la vida más
sencilla, nos la han complicado mucho más de lo esperado, cuando quienes
deberíamos controlarlas terminamos cediendo nuestra voluntad ante ellas. Basta
ver cómo las nuevas generaciones dependen cada vez más de instrumentos
tecnológicos para vivir, para hacer cosas que se supone podrían hacer sin
ellos.
La tecnología avanza
a pasos agigantados y la conciencia sobre lo que podría sucedernos parece no
evitar esa marcha. Basta ver toda la cantidad de productos culturales que han
aparecido en torno a este tema, desde los libros de Isaac Asimov hasta las
películas anuales que abordan las paradojas y posibles catástrofes del
desarrollo de la inteligencia artificial. Hace más de 20 años que Terminator nos ha familiarizado con la
idea de una humanidad a punto de la extinción frente a las máquinas. Sin dejar
de lado la trilogía de Matrix ni a la
conocida Inteligencia Artificial de
Steven Spielberg.
Transcendence se suma a esta saga de películas
planteándonos la posibilidad de que la conciencia humana sea trasladada
directamente a una computadora con inteligencia artificial. La ambición de la
voluntad humana, la necesidad de conocimiento sumada a la ilimitada capacidad
de una máquina sin los impedimentos propios de la vida orgánica, se nos exhibe
en la ventana cinematográfica. ¿Qué sucede cuando una máquina a la que le es
trasferida voluntad humana, usa esa voluntad para el control sobre las personas?
¿Qué ocurre si la inteligencia artificial termina creando vida orgánica?
Manuel
Azuaje Reverón.
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