No soy crítico de cine, ni chef, ni catador profesional de vinos. Simplemente me gusta disfrutar de los placeres profanos que nos da la vida; para mi, poder dedicarme un día cocinar un buen plato para luego tener el placer de dedicarme con calma a degustarlo, tomar el tiempo para ver una película con la calma que requiere observar las actuaciones, la fotografía y un guión apasionante, tomar un buen licor o fumar un cigarrillo, leer un libro y detenerme para releer una frase o volverlo a leer completo una vez por año, escuchar una pieza musical excelente, tanto una actual como una vieja ópera.
Son profanos estos placeres para mi, no tienen que ver con lo sagrado, ni con una meditación que busca trascendencia. Son expresiones de lo vivo, de lo que se encuentra entrelazado con nuestras vísceras nos retrotraen a lo concreto, son una explosión vital.
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